Estamos en Francia, en Tarbes, en pleno invierno de 1999. Trece años tiene el joven español. Acaba de perder las semifinales del torneo de tenis de Les Petits As (Pequeños Campeones), el campeonato del mundo oficioso de los de 12/14 años. El tenista francés que le ha ganado y que se hará con el torneo nació el mismo año que él y es exactamente igual de alto. Y sin embargo lo ha dominado con facilidad. Ese joven prodigio se llama Richard Gasquet:el pequeño Mozart del tenis francés”. Los especialistas afirman que nunca un jugador ha alcanzado tal poderío a esa edad. A los nueve años ya ocupaba la portada de la revista Tennis Magazine, que titulaba “El campeón que Francia espera”. Sus gestos perfectos, la belleza de su revés con una mano, la agresividad de su juego, fueron para su adversario otros tantos ataques a su ego. Tras haber dado la mano a Richard Gasquet, el adolescente mallorquín se deja caer en la silla, exhausto. Se llama Rafel Nadal.

Aquel día, Nadal fracasó en su intento de ser campeón del mundo de su grupo de edad. Quien contemple hoy ese partido (disponible en Youtube) quedará pasmado por la agresividad del juego de Richard Gasquet. Por extraño que parezca, esa agresividad en el juego de Gasquet es lo que caracterizará el éxito de Rafael Nadal. Siendo número uno mundial y lo seguirá siendo durante años, ganado más de setenta torneos, quince de ellos del Gran Slam. Richard Gasquet fue un gran jugador y llegó a ser el numero siete mundial, pero a día de hoy solo ha conseguido un torneo del Gran Slam. En total no ha ganado más de catorce títulos. En definitiva, su carrera nunca podrá igualar las conquistas de Rafael Nadal. ¿De qué ha dependido la diferencia?

Repasar el recorrido de Rafael Nadal, puede proporcionarnos un elemento de respuesta. De joven conoció muchos fracasos. Después de su derrota contra Richard Gasquet, se enfrentaron catorce veces más. Rafel Nadal le ganó las catorce.

Probablemente es ahí donde radica el problema de Richard Gasquet: desde sus primeros pasos en una pista de tenis hasta los dieciséis años, encadeno los éxitos con una facilidad desconcertante. Los éxitos son agradables, pero con frecuencia son menos ricos en enseñanzas que los fracasos.

Hay victorias que solo se obtienen perdiendo batallas; paradójico enunciado este, pero que contiene, creo yo, algo de secreto de la vida humana. Porque en lo que se nos resiste, encontramos un apoyo para tomar impulso.